Reflexiones para tí.

IMAGINACIÓN Y TRANSPIRACIÓN

 “Si no nos desanimamos, a su debido tiempo noviembre cosecharemos” (Gálatas 6:9).

Félix María Samaniego fue un escritor del siglo XVIII que ha llegado a distinguirse por sus fábulas escritas en verso. En uno de sus relatos describe los sueños de “la lechera”, una ilusa joven que vendía leche en el mercado. Un día, mientras llevaba el cántaro de leche en la cabeza, comenzó a imaginar lo que haría cuando vendiera la leche. Con el dinero se compraría “un canasto de huevos”, del cual nacerían cien pollos. Al vender los pollos adquiriría un cerdo. Cuando el cerdo estuviera tan gordo que la barriga le pegara al suelo, lo vendería y entonces se compraría “una robusta vaca y un ternero, que salte y corra toda la campaña, hasta el monte cercano a la cabaña”. Mientras se imaginaba todo eso, la joven tropezó y “adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero”. A renglón seguido, Samaniego escribe: “¡Oh loca fantasía! ¡Qué palacios fabricas en el viento!”

Sí, a veces nuestras metas son puras fantasías cimentadas en el viento. No vas a alcanzar tus metas si lo único que tienes es una buena imaginación. La imaginación es útil solo en la medida en que vaya acompañada de una buena dosis de transpiración. El día que escribí esta reflexión leí la historia de Tom Toro, uno de los caricaturistas de la revista The New Yorker. De joven siempre soñó con ver sus caricaturas en The New Yorker. Mandó la primera caricatura, se la rechazaron. La segunda, también. .. La caricatura número trescientos, rechazada. ¿Qué más podía hacer? Visitó personalmente a Bob Mankoff, el editor de la revista. ¿Y qué le dijo Mankoff? Le dijo: “Amigo, sus dibujos no están listos”. Pero Toro no desistía. Recordando aquel momento declaró en una entrevista: “Regresé a mi casa, saqué un papel en blanco, y traté de dibujar con el corazón”. Es decir, se empeñó en seguir trabajando. Un día, tras haber enviado a The New Yorker seiscientas diez caricaturas, recibió un correo de la revista que decía: “Hemos comprado su caricatura”.

La crítica de Mankoff indujo a Tom Toro a trabajar con mayor entusiasmo. Su caso hace palpable lo dicho por Salomón: “Con el tiempo, más se aprecia al que critica que al que alaba” (Proverbios 28:23). El esfuerzo de Toro redundó en la consecución de su sueño. ¿Qué ejemplo seguiremos? ¿El de Toro o el de la Lechera?

#perseverancia

Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016
“Visita mi Muro, 366 Mensajes que Inspiran”
Por: J. Vladimir Polanco.






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